La Administración es el cliente que más autónomos quieren y menos autónomos entienden. Paga siempre, no desaparece y no discute el precio. Pero juega con unas reglas propias que no se parecen en nada a facturar a una empresa privada.
Y el problema no suele ser el trabajo. Es el papeleo que rodea al trabajo: por dónde entra la factura, en qué formato, con qué códigos, cuándo empieza a contar el plazo de pago y qué pasa con el dinero público que recibes cuando llega la declaración.
Una factura que no existe
El primer choque llega al emitir. A la Administración no le vale un PDF por correo: la factura tiene que entrar por el registro electrónico correspondiente, en formato Facturae y acompañada de tres códigos que te tiene que facilitar el propio organismo.
Si falta uno de esos códigos o está mal, la factura no queda pendiente de pago. Simplemente no existe en el sistema. Y mientras no exista, el reloj del plazo de pago no ha empezado a correr siquiera, por mucho que tú entregaras el trabajo hace dos meses.
El plazo que casi nadie reclama
La Administración tiene plazos legales de pago, y cuando los incumple genera un derecho automático a intereses de demora. Automático significa que existe aunque nadie lo pida.
Lo que pasa en la práctica es que casi nadie los reclama, por desconocimiento o por miedo a incomodar a un cliente al que se quiere volver a facturar. Conviene al menos saber cuánto te deben antes de decidir si renuncias a ello.
El dinero público también tributa
Aquí está la sorpresa más cara de todo este bloque. Una subvención no es un regalo neutro: tiene un tratamiento fiscal concreto, y cuándo se imputa depende de para qué se concedió.
Mucha gente cobra una ayuda, se la gasta en lo que tenía que gastársela, y descubre en la declaración siguiente que aquello había que declararlo. Si además la ayuda financiaba un activo que se amortiza, la cosa se complica un poco más. Merece la pena tenerlo claro antes de solicitar nada, no después.
Y si estás mirando ayudas en general, la categoría de ayudas y financiación cubre el Kit Digital y los préstamos ICO.
Antes de todo esto, la base
Para facturar a un organismo público necesitas tener en regla cosas que a un cliente privado le dan igual: el epígrafe correcto, estar al corriente de pagos y, según el tipo de contrato, inscripciones específicas.
Si aún no te has dado de alta, ese punto de partida está en empezar como autónomo, y la elección concreta que más condiciona esto, en cómo elegir el epígrafe IAE. La mecánica general de emisión está en facturación.
- Facturar a la Administración: FACe, Facturae y los tres códigos
Por dónde entra la factura y qué la hace inexistente para el sistema. - Cuánto te debe la Administración por pagarte tarde
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La vía excepcional de contratación y cuándo se activa.
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